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martes, 25 de octubre de 2011

NADA - Janne Teller (Reseñas 25 )


Cuando Pierre Anthon descubre que la vida no importa y que toda ella es un sinsentido, se sube a un ciruelo y desde sus ramas lanza “ciruelazos” físicos y psíquicos sobre sus compañeros de séptimo A del colegio de Taering, un pueblecito de Dinamarca.
Janne Teller escribe para adolescentes un cuento nihilista y sus lectores han de preguntarse si realmente son los adolescentes sus destinatarios.
Magistralmente narrada por Agnes, uno de los personajes, vamos conociendo como Pierre Anthon va obsesionando a todos y cada uno de sus compañeros y lo que se inició con el aspecto de una “boutade” se convierte en una carrera mental y, lo que es peor, incontrolada hacia la tragedia.
La necesidad de buscar un significado en la vida de cada uno de los chicos, intentando demostrar a Anthon que sí tiene sentido, transcurre, en un crescendo, de un pequeño sacrificio de objetos más o menos valorados a la imposición por la violencia de la ofrenda de  “significados” .
La crueldad se va abriendo paso entre un grupo de niños de catorce años hasta límites que no por insospechados dejan de ser plausibles.
Aquel que descubre las vergüenzas y abre los ojos a la realidad es arrollado por los vientos de una Caja de Pandora, abierta sin posibilidad de cierre.
Con un lenguaje pulcro, la autora mantiene el ritmo y sus personajes son descritos con pinceladas; todos  deambulan en un mundo de adultos, estos últimos ausentes y sólo mostrados como un fondo nebuloso que simboliza un castigo sin aportar valores que a los chicos les supongan algo.
Un cuento que yo recomendaría leer sin limitaciones de edad.

jueves, 2 de diciembre de 2010

COMEDIA INFANTIL - Henning Mankell (Reseñas-13 )

Henning Mankell nacido en Suecia en 1948, “padre” de Kurt Wallander, el comisario de Ystad, es una figura reconocida internacionalmente en la recuperación de la novela negra sueca; pero es también el Director del Teatro Nacional de Mozambique.
Comedia Infantil, publicada en una colección de literatura negra contemporánea, puede ser una equivocación en su ubicación pero también una forma de descubrir al “otro Mankell”
Sin el antecedente de su residencia en la ex-colonia portuguesa no es fácil adivinar cómo un hombre del extremo Norte llega a recoger la sensibilidad del hombre de los trópicos con esa finura y cariño.
Si bien no nos encontramos con una novela “negra” ortodoxa o criminal, en lo que a género se refiere, sí estamos frente a un retrato social en que se nos muestra un continente- África- en el que sus gentes se ven obligadas a “vivir para olvidar , no para recordar”.
La novela fluye como una narración por parte de un solitario, José María Vaz, antiguo panadero y hoy contador de historias o, como el mismo se autodefine, “Cronista de los Vientos”; esa historia se divide en nueve noches y un alba, tiempo en que Nelio, un “niño de la calle” de la capital de un país africano, colonizado y “liberado”en continuas luchas internas, tarda en expirar como consecuencia de unos disparos.
Esa nueve noches sirven para que Nelio, a través de José María Vaz nos cuente su historia de desgracias, abusos, miserias y voluntad de salir adelante a la par que su vejez a los diez años.
La sabiduría del superviviente, la belleza de las descripciones y el ataque furibundo a todos aquellos que desde unas posiciones u otras zarandean a los habitantes de los países que tuvieron la desgracia de ser repartidos y pertenecer al tercer mundo nos van siendo mostradas con una intensidad no usual en la novelística ramplona, sentimentaloide y común que llena los escaparates.
Cooperantes, revolucionarios, imperialistas, todos son metidos en un mismo saco y vapuleados sin piedad por esa historia que José María nos cuenta para que sepamos ¿qué fue y por qué murió Nelio?
La transformación a mendigo-narrador de un buen panadero es por una razón muy sencilla, en boca del mismo José María : “es mucho más importante, para todos, darles a conocer lo que cuento que hacerles pan”.

Mankell hace una denuncia, sin concesiones, de la situación de un Continente y sus habitantes, a los que retrata a través de sus protagonistas.

martes, 19 de octubre de 2010

EL HOMBRE DEL SALTO - Don DeLillo (Reseñas- 7 )




El día 11 de Septiembre de 2.001, en Nueva York, dos aviones de pasajeros fueron dirigidos hacia las “Torres Gemelas”, símbolo del poder económico del Imperio Norteamericano; al impactar contra ellas y destruirlas, provocando gran cantidad de víctimas, se produce un punto de inflexión en la historia de nuestro planeta. Dicho ataque, junto con otros intentos en paralelo, fueron atribuidos a Al Quaeda, una organización terrorista islámica.

Don DeLillo, es una autor norteamericano nacido en 1936 y que con un haber de dieciséis novelas- entre ellas “Ruido de Fondo”, “Libra”, “Cosmópolis” y la última “Punto Omega”-  ha conseguido ser considerado un cronista del hombre de finales del siglo XX e inicios del XXI; como en su día los fueron Faulkner, Dos Passos, o Hemingway.

Sobre el atentado del “11-S “ DeLillo devana una historia alrededor de su personaje, Keith Neudecker, quien emergió de entre los escombros con un portafolios en la mano, y volvió a la casa que compartía con su mujer antes de la separación de ambos.
Con un trazo brillante, se nos hace conocer todas esas dudas que una persona, renacida, alberga sobre todo lo que le rodea y fundamentalmente sobre sí mismo. Su comportamiento , de borrón y cuenta nueva, sus relaciones con su esposa e hijo, con sus amigos antiguos, su nueva relación con su diversión de manera profesional, el juego, etc... finalmente su aproximación a un alma gemela, la propietaria del maletín, dan un aire de renacer a toda una vida.
Todo lo anterior vivido en un sonambulismo y una situación de paranoia, que DeLillo nos refleja en el temor del hijo de Neudecker y sus amigos a “Bill Layton”-sonido similar al de Bin Laden- que les hace escrutar el cielo con catalejos esperando su vuelta, las inquietudes de su esposa sobre la memoria, la cotidianeidad que intenta establecerse de nuevo...y todo ello con la omnipresencia de lo que “un día pasó”.

DeLillo nos enfoca, sin dramatizar explícitamente ni haciéndonos dar vueltas sobre ello, una cuestión que sólo se analiza por sus efectos, pero no suele hacerse por sus causas. Únicamente a través de Martin, un amigo que suele estar de viaje casi continuamente, recibimos destellos de ideas que no pueden aparecer como discurso porque el americano medio no está preparado para iniciarlo siquiera.